Una sustancia sagrada
En la Antigüedad, el aceite de oliva se consideraba una sustancia esencial y sagrada. Se creía que transmitía al ser humano el vigor y la resistencia del olivo, ese árbol casi eterno, vínculo privilegiado con los dioses.
Un alimento
Era el tercer pilar de la alimentación mediterránea básica, compuesta sobre todo por cereales, vino y aceite de oliva. En sociedades que consumían poca carne y pocos lácteos, el aceite de oliva aportaba la mayor parte de las grasas. Se tomaba simplemente con pan, como condimento de verduras o para cocinar.
Un cosmético
En la Antigüedad se decía que había «dos licores muy agradables para el cuerpo humano: para uso interno, el vino; para uso externo, el aceite de oliva».
Limpiar: se utilizaba para fabricar jabones, champús y perfumes, y también como desmaquillante.
Proteger: las mujeres lo usaban para hidratar el cuerpo y las manos y proteger el cabello, haciéndolo más sedoso y fácil de desenredar. Los atletas griegos se friccionaban con él para flexibilizar los músculos antes del esfuerzo, protegerse de los golpes, el sol, el viento y el frío, y limitar la transpiración.
Un medicamento
Se tomaba como pócima para calmar el dolor de estómago, se aplicaba como ungüento para aliviar quemaduras, irritaciones y picores, y en gotas tibias con un poco de ajo contra el dolor de oídos. Las hojas de olivo servían de base astringente y depurativa; los preparados de hojas y aceite de oliva curaban todo tipo de inflamaciones, bajaban la fiebre y purgaban la vesícula biliar.
Un producto doméstico

El aceite de oliva alimentaba las lámparas que iluminaban las casas y servía también para calentarse. Era además lubricante para las bisagras, betún protector y nutritivo para el cuero y la madera, y abrillantador para el metal pulido, en especial armaduras, cascos y espadas.
Un producto religioso
El olivo era símbolo de fertilidad, sabiduría y paz. En los Juegos Olímpicos de la Antigüedad, los vencedores recibían una simple rama de olivo, cortada con un cuchillo de mango de oro de un olivo silvestre; los griegos creían que la vitalidad del árbol sagrado se transmitía así al vencedor. El aceite de oliva, símbolo de calor y de luz (sin duda por su uso doméstico), servía para ungir a sacerdotes y reyes.
Un producto militar
Hirviendo, se usaba como arma para repeler a los asaltantes durante el asedio de plazas fuertes.